El cine representa cómo nos vemos a nosotros mismos. El ser humano es el único que siente repugnancia, que siente asco; el asco no lo tienen otros animales… A lo mejor es verdad que hemos completado el proceso de hominización pero nos falta completar el de humanización. Igual podremos decir que somos realmente humanos cuando nos dé asco ver a un ser humano aprovechándose de otro ser humano… Esta es la escena que protagoniza Juan Carlos Monedero sentado en un taxi en la película Gente en sitios, escrita y dirigida por Juan Cavestany y estrenada en España en 2013. El film cuenta con la participación de un numeroso reparto de actrices y actores españoles de gran categoría como Maribel Verdú, Raúl Arévalo, Santiago Segura o Irene Escolar, y otras jóvenes promesas como Diego Martín.

Esta película española es un popurrí al más estilo del esperpento castellano que nos trajo Valle-Inclán: un conjunto de dispares y variopintos sketches forman lo que su director y los expertos denominan un relato caleidoscópico, es decir, relatos múltiples y cambiantes, o, según la definición de caleidoscopio, un conjunto de espejitos que se reflejan unos en otros y forman numerosas figuras simétricas cuando un ojo mira con el catalejo del extremo opuesto. Aunque la obra de Cavestany no son precisamente historias simétricas y, de ser espejos, serían los cóncavos del callejón del Gato que deforman los cuerpos, pues de una escena cotidiana pasa a la comedia, de lo absurdo al discurso sentimental, de allí a la tragedia y de la tragedia a la sobreactuación. Así es Gente en sitios.

A pesar de que en las críticas del público más modesto predominen comentarios tales como “he visto los diez minutos y no he podido ver más”, “es como Relatos Salvajes pero a lo cutre”, “un sinsentido total”, “jodida mierda” o el común y recurrente “vaya castaña” (un tímido joven se ha conformado con escribir “Dios mío de mi vida…”), otras opiniones más eruditas aseguran que es una crítica a la linealidad del arte, una sátira postmodernista, un retrato de lo normal y lo anormal, a partes iguales, de las vidas humanas más sencillas.

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Comentarios de Pordede

Gente en sitios no tiene argumento, pero tampoco lo necesita. Juan Cavestany mezcla en hora y veinte de film diferentes historias, sin nexo, con poco sentido y con mucho humor, pero también con mucho tacto, sentimiento y crudeza. Historias sencillas, tramas complejas, escenas desagradables, denuncia social y diálogos que marcan… Aprovechando el contexto político y social de nuestro país, lo que tienen en común cada una de las historias que Cavestany incorpora en este film es la crítica a comercialización de la cultura, lo que lleva a la banalización de las obras artísticas tras convertirse en simple mercancía y beneficio económico en potencia, como explica Javier Moral en su artículo Cine en sitios. Cavestany priva al gran público de esta “jodida mierda” y maravillosa pieza del cine español, para acercarla a otro más humilde y agradecido.

En esta película podemos asistir a un intento de homicidio en un coche de Blablacar, una dura charla familiar, una mujer que sangra al ver una bandera de España… Pero también se puede visionar la representación del texto El Puente de Kafka, conversaciones en cafeterías o a unos ladrones que friegan los platos de la casa que pretender robar… Lo que tenemos por seguro es que Gente en sitios no deja indiferente a nadie: o te apasiona o la aborreces. En Angry Inch Magazine le damos un merecido sobresaliente.

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