¿Imaginan describir colores a un ciego o hacer una película en lenguaje de signos para todos los públicos? Miroslav Slaboshpitsky consigue uno de esos dos retos que parecían inimaginables: The Tribe es la historia de un joven que llega a un internado para adolescentes sordomudos. Pero la tribu ya tiene unos jefes, un clan dominante con una ley no escrita que establece que todos los bienes del lugar les pertenecen, es decir, el dinero, el alcohol, los cigarrillos, los negocios y las mujeres. El joven novato deberá imitar a los líderes para que le acepten en la manada o será devorado por ella.

El director ucraniano da una vuelta a los guiones que acostumbramos a escuchar en el cine y propone un ejercicio completamente innovador: solo mirar. Slaboshpitsky nos ofreció en 2014 un film de dos horas y seis minutos grabado en su totalidad en lenguaje de signos y sin banda sonora. The Tribe es una película que el colectivo sordomudo puede visionar con todo lujo de detalles; sin embargo, esta vez se cambian los papeles y es el espectador común el que siente dificultad para seguir al pie de la letra, o al pie del signo, cada diálogo. Slaboshpitsky nos priva de todos los sentidos excepto del de la vista y nos castiga si la apartamos un segundo de la pantalla, en un parpadeo se puede escapar una escena clave en el eje argumental.

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The Tribe, Miroslav Slaboshpitsky (2014)

Los únicos sonidos que llegan de The Tribe al espectador o espectadora común son aparentemente insignificantes y prescindibles pero sirven de gran ayuda al director para transmitir el impacto de algunas escenas que quedarán en el recuerdo del espectador: el crujir de la nieve bajo las botas de tacón de dos adolescentes que salen por la noche a prostituirse bajo la supervisión de los jefes de la tribu, el jadeo y los gemidos sexuales de dos adolescentes, el chorro de orina que da un indeseado positivo en un test de embarazo, los instrumentos de metal empleados en un aborto clandestino…

Pero el silencio es el indiscutible protagonista de este film ucraniano. Este es el recurso empleado en cada escena, el que más destaca en los momentos precisos y sin el que la película solo sería una cruda realidad adolescente más. Como explicábamos al comienzo del artículo, la historia transcurre en un internado especial para personas con discapacidad auditiva; la primera escena en la que observamos el colegio es a través de una puerta que nos permite ver al fondo un patio lleno de personas formando un gran círculo. Cada persona hace girar rápidamente de lado a lado sus dos manos abiertas, cada una elevada a un lado de la cabeza: están aplaudiendo.  Miroslav Slaboshpitsky nos invita a contrastar dos realidades: una privilegiada que acostumbrados a evidenciar y una que se ignora, la realidad de una minoría.

No obstante, The Tribe también es la película en la que el silencio, el actor estrella, está presente cuando más se echa en falta la voz, una carcajada aliviada, una palabra de apoyo o un grito de auxilio. El silencio acompaña siempre a la caravana azul a la que terminas aborreciendo cuando se sabe a quién transporta y a dónde, el silencio va de la mano de una enfermera que transmite con su rostro más frialdad que la nieve de los bosques de Ucrania y el silencio efectúa su actuación magistral en los últimos minutos de la película, cuando la tensión impide parpadear.

The Tribe es una película que queremos admirar pero no recomendar. Este es un film difícil de juzgar y que ojos impresionables quitarían antes de la primera media hora. Sin embargo, desde Angry Inch Magazine aplaudimos la brillante idea de Slaboshpitsky de adaptar los diálogos al lenguaje de signos y su atrevimiento al incorporar de manera explícita escenas difíciles e inusuales. Nos ha dejado sin palabras.

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