En 1995 se estrenó una película independiente que ganó el Oso de Plata del Festival de Berlín al mejor director. Para entonces, nadie sospechaba que Antes del Amanecer sería el comienzo de una trilogía de gran éxito. Se trata de una producción de muy bajo presupuesto, en la que los decorados son las propias calles de Viena y los protagonistas únicamente son dos: la joven francesa Céline (encarnada por la actriz de la misma nacionalidad Julie Delphy) y un americano atrevido que vuelve de España, Jesse (protagonizado por el actor Ethan Hawke), quienes se conocen de manera fortuita en un tren y deciden entre los dos pasar una jornada en la ciudad austriaca. Para no perder la magia de las casualidades del destino, acuerdan no darse ni los números de teléfono ni los correos y reencontrarse seis meses más tarde en la estación de trenes de Viena.

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Antes del Amanecer, Linklater (1995)

El director de este film, el estadounidense Richard Linklater, creó a partir de esta trama una trilogía con una historia que madura a la vez que sus protagonistas y a la vez que su público. La segunda entrega, Antes del Atardecer, quita el polvo a Céline y a Jesse y los coloca esta vez en París, nueve años después de su primer encuentro. De nuevo el destino hace de las suyas y junta sus caminos en la librería parisina Shakespeare and Company, en la que Jesse firma libros debido a su última publicación: una novela acerca de una mujer y un hombre jóvenes que, conociéndose apenas de unos minutos en un tren, siguen sus impulsos y se bajan juntos en una parada aleatoria de Europa. La última posición del sol de la trilogía es Antes del Anochecer, la cual refleja el matrimonio maduro de Céline y Jesse, padres de dos niñitas rubias y preocupados por mantener la viva la llama que les unió hace casi veinte años.

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Antes del anochecer, Linklanter (2013)
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Antes del atardecer, Linklater (2004)

A pesar de que Antes del Amanecer, la película que encabeza esta excelente trilogía, se encuadre dentro del cine independiente (contó con bajo presupuesto, productoras y equipos de rodaje alternativo a la gran industria, y una temática distinta a la de los films más comerciales), el éxito y la fama que otorgó el Festival de Sundance a Richard Linklate en 1995 despertó el interés de los grandes tiburones del mundo cinematográfico; Warner Bros Pictures y Castle Rock Entertainment produjeron Antes del Atardecer mientras que la última parte de la trilogía fue producida por Sony Pictures Classic y Castle Rock Entertainment.

Sin embargo, la idea principal de este artículo necesita de la trilogía en su totalidad para hacer un análisis, una abstracción, de la representación de las personalidades de sus protagonistas y la relación amorosa que surge entre ellos. El amor impulsivo y casi adolescente de la juventud, que cree en los flechazos; el amor de los primeros años de la edad adulta, que reflexiona sobre el pasado y forja a las personas como el conjunto de experiencias que ha vivido; y el amor maduro, el más decadente y vago, entre dos personas que dudan entre tirar la toalla o intentarlo por infinitas últimas veces.

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Las Edades y la Muerte, Hans Baldung Grien

Los títulos de cada una de las películas son muy significativos y claves para entender la idea que hemos puesto sobre la mesa. El amanecer es el comienzo del día, el nacimiento de una nueva oportunidad. Desde la Prehistoria se tiene el conocimiento de que los seres humanos colocaban a los difuntos en posición fetal y orientados hacia el Este, punto cardinal por el que sale el sol; la finalidad de estos rituales era preparar el cadáver para un “nacimiento” en otra vida o, dicho de otra manera, devolverles al lugar del que vinieron para que puedan volver a nacer. En Antes del Amanecer además del sentido explícito, pues Céline y Jesse se separan a la salida del sol después de una noche romántica en un parque vienés, se puede deducir un significado implícito: el surgimiento de un sentimiento amoroso muy fuerte entre dos personas.

El atardecer, en cambio, es el momento del día comprendido entre el mediodía y la noche; el mediodía es el momento en el cual el sol está en su máximo esplendor diario y más calienta. Esto, según las reglas del teatro neoclásico, corresponde al tercer y último acto y supone el esclarecimiento de las ideas y la resolución del conflicto. Antes del Atardecer describe el reencuentro entre los protagonistas nueve años después de su despedida en Viena. El final de esta, en el piso de Céline, invita al público a pensar que, aunque tengan cada uno una pareja o incluso un hijo en el caso de Jesse, reaparecen en ellos sentimientos que creían olvidados: “Cariño, vas a perder ese avión”, “lo sé”, responde Jesse mientras observa a la francesa bailando Just in Time de Nina Simone, que causalmente significa “justo a tiempo”.

Por último, Antes del Anochecer es el retrato de un matrimonio decadente en el que ya no queda ningún rastro aparente de la pasión adolescente. Igual que el sol va perdiendo fuerza y cae lentamente por el cielo hasta esconderse en el horizonte al anochecer, la relación de Céline y Jesse se ha apagado según se han sucedido las películas y los años. El escenario de esta trama es Grecia, la cuna de la civilización occidental pero también la ciudad de los monumentos en ruinas. Es vida y muerte a la vez, una continua lucha entre fuerzas contrarias que se refleja en el matrimonio protagonista de la trilogía: mientras Jesse lucha por recuperar el romanticismo y la ilusión de su esposa, Céline está cansada de intentar una causa perdida… No obstante, la trilogía no nos deja con un final sin perdices y, como el sol que sale cada mañana, su relación, por muy negra que haya sido la noche, se aviva una y otra vez. Pensamos que vamos evolucionando pero, tal vez, no cambiamos tanto (Antes del Anochecer, 2013).

La trilogía que nos ofrece Richard Linklate es una reflexión sobre filosofía, política, ética… Y, sobre todo, una manera completamente válida de entender las relaciones amorosas entre los seres humanos. Es por esto último que Linklate consigue que su público se sienta identificado con una de las tres películas a medida que avanzan los años de su propia vida y sus experencias vitales. Una vez más, el cine independiente consigue ser un espejo de la realidad y de la belleza de la cotidianidad.


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