Nunca a nadie le gustó su propio pelo. Los que lo tienen liso quieren rizos y los que tienen rizos lo quieren alisado. Este último caso es el de Junior el protagonista de la película Pelo Malo dirigida por la venezolana Mariana Rondón. A sus once años este caraqueño tiene claro que en la fotografía que le piden en el colegio, quiere salir con su revoltosa melena rizada, bien planchada y vestido como un cantante. Sin embargo, lo que se podría ver como un simple capricho infantil, incomoda profundamente a su madre, pues ella no puede soportar ver como en realidad su hijo está expresando su forma de ser y su homosexualidad mediante su apariencia física.

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El film transcurre en un barrio marginal donde no parece haber demasiada aceptación del colectivo LGTBQ+, sin embargo Junior no ve nada raro en que le guste peinarse o se sienta atraído por el chico del quiosco de debajo de su casa. Mediante este largometraje pueden verse diferentes puntos de vista con respecto a un tema tan presente en nuestros días como es la sexualidad no normativa. Gracias a trabajos como el de Rondón, el público se acerca a realidades que posiblemente interactúen con la suya. Son distintas lentes las que ayudan percibir en la película que no existe impedimento alguno por el cual no se deba ser fiel a uno mismo. El miedo, la presión o la infelicidad que sufre Junior al no ser comprendido son un mero ejemplo del día a día de infinidad de personas a las que la sociedad aísla, margina o discrimina.

Hoy más que nunca es importante saber apreciar y valorar el trabajo de directores y directoras que apuestan por poner el punto de mira en historias que puede que no sean las más taquilleras, pero sí las más reales y necesarias. Actualmente el mundo se encuentra en un momento delicado en el que, contra todo pronóstico, el Cine Queer va llegando cada vez a más pantallas. El ejemplo más claro de este fenómeno es Moolight, film que trata el amor homosexual, ganador de un Oscar a mejor película en 2017. Quizá estemos siendo testigos del inicio de un cine distinto, en el que todos los géneros y amores tengan cabida. Quizá en unos años, este tipo de temáticas estén tan normalizadas que solo nos preocupe si los personajes están contentos con su pelo, o si por el contrario tienen un pelo malo.

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